Mangorè Eterno Ediciòn Especial 130 aniversario de su nacimiento

Revista Ñande Reko Nº 1

sábado, 23 de junio de 2018

A propósito de Catedrales y singularidades

(publicado el sábado 23 de junio de 2018 en el suplemento Correo Semanal del diario Última Hora)                                                     

                                                                                   Por Víctor M. Oxley*

En una escena de la memorable película "La misión", con protagonistas no menos afamados, como Robert de Niro, Jeremy Irons entre otros, se perfilan los márgenes de un cruzamiento argumental de raciocinios de quiméricos bicéfalos, en donde se ponen en juicio, desde los forceps pre juiciosos de españoles-europeos,  la naturaleza humana de los nativos guaraníes.
Un niño nativo hace gala de sus dotes musicales en prístina belleza entonando una melodía con notas celestiales, que lejos de dejar pasmados a los espectadores, lleva  a estos a sostener la radical idea, que esa sublime manifestación es la emergencia vacía del reflejo de una sombra humana. Las misiones jesuíticas en el Paraguay fueron el taller del herrero, en donde en singular experiencia se forjaron en molde europeo las estructuras psíquicas de los nativos; que a parte de la adoctrinación y dogmatización a que fueron sometidos, desarrollaron habilidades desconocidas hasta casi increíbles a ojo de aquellos mentores europeos, ya no practicaban la antropofagia sino que su fagocitosis transmutaba al engullimiento cultural de las "Letras y las Artes". Los nativos se convirtieron en auténticos copistas al estilo medioeval, artistas de los moldes gráficos que plasmaron en auténtica belleza los códices que reproducían, así también aprendieron a controlar su flexible imaginación dentro de la rigurosa disciplina que impone el marco musical del arte barroco de Purcell, Handel, Vivaldi y Bach, creando un verdadero milagro jamás imaginado ni soñado, ni en los enjundiosos delirios del que no tiene muros de contención mentales, "EL BARROCO GUARANI".
Hasta aquí todo es de maravillarse, para desteñir este cuadro de pureza ideal, sólo basta tirar el baldazo de agua que deja diluir los colores matizándolos en los de la mezquindad egoísta del prejuicio antes citado, pero esta vez bajo otros ropajes; "el de una prohibición celosa  que proscribe la justicia de una autoafirmación, la que liga perennemente al ente creado con su creador (la firma autoral), acto que no deja más que aflorar la mediocridad de unos sensores, que creyendo que al permitir que estos nativos estampasen firma en sus creaciones, pudieran estos igualarles en condición, no digo socio sino culturalmente, y tal vez con el temor añadido y construido sobre una hipotética posibilidad de quedar superados.
Lamentablemente el azar jugó su papel dentro de este continuo mundo de variables desconocidas que es la historia y comprimió el espacio-tiempo de esta posibilidad en la singularidad discontinua apresada en su propia gravedad. Hoy excita nuestras mentes el recrearnos un mundo efecto de aquella posible causa que fue truncada ¿Que sería hoy de nuestra cultura, si aquellos gérmenes hubieran evolucionado sus tentáculos hasta nuestros días? Agustín Barrios gastaba broma a sus contemporáneos comentando que él era el cacique Mangoré, un indio forjado en aquel taller jesuítico, donde en el cual aprendió el dominio de su arte.
Los grandes centros urbanos de la Europa medioeval, como muestra de importancia erigían sus imponentes catedrales, afirmando su orgullo y conciencia de magnificencia en ello. Estas imponentes estructuras, aparte de ser ejemplares muestras de la habilidad constructiva racional humana, encontraron su finalidad hacia la noble tarea perpetuadora del conocimiento humano, cargando con la misión de convertirse en los centros del saber, y de esta manera las encontramos como antecesoras de la Moderna Universidad, pues en ellas se dictaban cátedras ordenadas en grupos como el Trívium y el Cuadrivium. Los catedráticos eran los maestros especialistas que se encargaban de formar las mentes en flexible y sutil dialéctica.
Es conocido por todos que Agustín Barrios tuvo un encuentro con el afamado Andrés Segovia en Buenos Aires, un amigo en común los presenta; Barrios en propia habitación y en guitarra misma de Segovia despliega sus habilidades magistrales.
Es fácil imaginar la impresión que debió de causar al europeo, de entre las obras que interpretó para aquél estaba su imponente "La Catedral", pues Barrios mismo cuenta la atención de Segovia sobre esta en particular,  las crónicas relatan la promesa de Barrios hacia Segovia de entregarle una copia de aquella para que la incorporara en su repertorio; lo cierto es que Segovia nunca la tocó e ignoró a Barrios en este sentido, su orgullo lo llevó a darle la espalda, pues el resorte psicológico que conduce a Segovia a ello es, que de incorporar esa obra soberbia y magnífica, sería reconocer abiertamente en igualdad de condiciones (interpretativas y con el agregado extra de genial compositor) a su rival (los dos buscaban un lugar de reconocimiento en la cima musical, sólo que Segovia representaba la tradición europea y Barrios la ahistoricidad de una conciencia potencial, que podría de erigirse en nueva y original tradición) ante el hipotético y potencial público futuro.
Que distinto hubiera sido si aquel embrión jesuítico no se hubiera extirpado, que lógico y causal hubiese sido para nosotros entender la existencia del genio de Agustín Barrios como natural efecto de aquel, hoy entenderíamos seguramente que el neobarroquismo de Barrios hunde sus raíces en Domenico Zipoli y quien sabe el nombre de aquellos nativos anónimos que blandieron el pulso en líneas y puntos de manchas sobre papel pautado y no quemaríamos neuronas tratando de juntar las piezas de un rompecabezas buscando genéticas filiaciones en el barroco musical europeo para justificarlo como fenómeno singular de la historia.
Como si el azar de la historia nos tendiese una broma en constante burla a nosotros, nos exuda el hecho de que fue una obra titulada "La Catedral", eje de aquella situación entre dos grandes, en la cual el anónimo nativo sienta cátedra de soberbio virtuoso ante los ojos atónitos del orgulloso europeo; pero también quiso este ramdomizado devenir, que de alguna manera se haga justicia con aquellos postergados artistas del barroco guaraní, al encontrar el devenir cultural en Agustín Barrios -el cacique Nitsuga Mangoré- la figura reivindicadora, sólo que esta vez, con pulso firme y seguro de sí mismo -en aquellos maravillosos meses que van entre marzo a mayo de 1921 (escribió el manuscrito de La Catedral a su mecenas y amigo uruguayo Martin Borda y Pagola)- este plasmó su nombre con mayúsculas en la historia.

 *Dr. en Ciencias de la Educación, Lic. en Filosofía y músico


miércoles, 18 de mayo de 2016

MANGORÉ ETERNO - EDICIÓN 130º ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

                                                                                                       por Víctor M. Oxley

"[...] vale la pena entrar en el magnífico libro de Víctor Oxley y recorrer sus páginas con la morosidad del que se deleita demorando un placer. Saldrá de él enriquecido. “Mangoré, Eterno” nos da una visión de don Agustín y su Paraguay que es sobre todo una visión paraguaya, capaz de prescindir en gran parte de las influencias europeas o norteamericanas que se han hecho sentir de una manera casi siempre excesiva y no exenta, a menudo, de errónea superficialidad."
                                                            
                                                                           Gonzalo Solari. Concertista de guitarra clásica


TUS COMENTARIOS AL LIBRO "MANGORÉ ETERNO - 130º ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO" (VERSIÓN GRATUITA ONLINE) SON IMPORTANTES Y NOS INTERESAN, DÉJALOS AL PIE DE ESTA ENTRADA POR FAVOR.

miércoles, 26 de agosto de 2015

MANGORÉ, POR AMOR AL ARTE O CUANDO LA FICCIÓN INTENTA SUPLANTAR LA REALIDAD



                                                                                               por Víctor M. Oxley

La película más costosa del cine paraguayo -afirman que sus gastos orillan unos 1,3 millones de dólares- la biopics "Mangoré, por amor al arte" fue estrenada el 21 de agosto, y con ello las expectativas que metódicamente fueron creadas por sus productores llegó a su cenit. La reacción como secuela de tal fenómeno empezó con una serie de señalamientos críticos en cuanto a su concreción.

Una biopics -según definición de George F. Custen (1992, Bio/Pics: How Hollywood Constructed Public History, New Brunswick, NJ: Rutgers University Press)- "está construida sobre hechos o porciones de la vida de una persona real a la que su nombre hace referencia", agrega también que suelen centrarse en el contenido biográfico con referencias a una realidad histórica, de aquí surge la pregunta ¿cómo equilibrar realidad, objetividad y ficcionalidad en ella a instancias de los condicionamientos de la lógica de producción de Hollywood?.

En este contexto podemos citar que el director Morten Tyldum, construyo su película The imitation game (Descifrando Enigma) basándose en el libro de Andrew Hodges (Alan Turing: The Enigma). Aún así el escritor Hodges se asombro de la capacidad de inventiva libre en el guión por parte de Tyldum a expensas de que su libro es una biografía histórica rigurosa. En el trance hacia esta quimera tyldumiana, al genial científico británico de la Inteligencia artificial, la computación electrónica, lógica matemática y matemática pura –además de la criptografía claro- le condimentaron la vida con romances, tensiones y espías que jamás existieron. En esta línea argumental también podemos preguntarnos ¿Cuan real es el profesor John Nash (Nobel de Economía) en la película A Beautiful Mind (Una mente brillante)? Esta bella película sobre la vida de John Forbes Nash Jr. está basada en el libro de Silvia Nasar. De hecho es verdad que Nash estudio y enseño en Princeton, pero los delirios esquizofrénicos en donde constantemente es abordado por un compañero ficticio acompañado de una niña, a la vez que es asediado por un agente de la CIA (el actor Ed Harris en la película) jamás sucedieron. En realidad Nash padeció de ilusiones auditivas y delirios paranoicos que no fueron tan sistemáticos como se representan en el film. Otro detalle exagerado es la relación entre Alicia y John (muy idealizada en la biopics) que ya problemática en sí a partir de la enfermedad del genio matemático, se complico en la vida "real" sobremaneramente con el agregado de la condición homosexual de Nash y del hijo que tuvo este con otra mujer. De esta biopics la autora Nasar comento sorprendida que "inventaron una narración lejos de ser literal".

Películas como The imitation game, A Beautiful Mind, o The Theory of Everything (sobre la vida Stephen Hawking) y Creation (sobre Charles Darwin) por citar algunas nos llevan a la cuestión de ¿Hasta qué punto ayudan o perjudican las películas al público sobre la manera de entender a los científicos en particular y a la ciencia en general? (Sobre este tema se puede leer: Projected Art, History, Biopics, Celebrity Culture, and the Popularizing of American Art de Doris Berger [2014, Bloomsbury Academic, New York].

Las biopics que Hollywood crea son reales no porque son creíbles dice George F. Custen, sino más bien deben ser considerados reales porque a pesar de las evidentes distorsiones en menor o mayor amplitud son creídos por una inmensa multitud de espectadores (aquí hay que señalar que no porque una legión de personas crean algo, ese algo debe ser verdad).

Por otro lado podemos comentar que tanto el productor Leo Rubin como el director y guionista Luis Vera de la propuesta del séptimo arte titulada "Mangoré, por amor al arte" afirman que esta biopics del notable músico paraguayo -genio universal de la guitarra- se da a conocer a través de una ficción basada en hechos reales, y este postulado a modo de declaración de intenciones amerita algunas observaciones.

Luis Vera destacó que el principal desafío del filme fue “sobrepasar la biografía estrictamente lineal y los datos que tuviesen que ver con la realidad”. Agregó que su intención fue la de “crear un personaje de fantasía, un personaje de ficción a partir de los datos reales que entregaba la historia”.

Bajo la bandera de que es una película de ficción, las inexactitudes de los hechos se cuelan como de un valor puramente estético; así por ejemplo de entrada nomás un niño Agustín Barrios ya soñaba con ser el cacique Mangoré, y como sabemos Agustín Barrios recién en la década del año 10 de principios del siglo XX concibe la idea de convertirse en el cacique Nitsuga Mangoré, el Paganini de las junglas del Paraguay. Tramo después, se ve la escena en la cual Isabel (su primer nombre realmente es Gregoria) Villalba pone en brazos a Pedro Virgilio, el hijo de ambos, excusándose Barrios a su amada que su gira le impidió estar con ella y el niño, más adelante ya Isabel con dos niños hijos de Mangoré -y ya mayorcitos- el segundo de nombre Reinaldo Robustiano, a presión de los padres de Isabel piden a Barrios reconocer legalmente a sus vástagos. Esta escena es imposible pues como sabemos el primer hijo de Mangoré nace el 19 de octubre y es reconocido tres días después en el registro civil por su padre el día 22 de octubre de 1908, al segundo hijo jamás lo inscribió en el registro civil con su apellido. Una escena que aporta confusión es aquella en la cual Mangoré declara que la obra que va a interpretar esta dedicada a la mulata Gloria Silva, hasta aquí todo bien, pero cuando escuchamos el audio de Choro de Saudade en la película quedamos en el limbo. Esta obra está dedicada a Américo Piratininga de Camargo (hijo de su amigo cercano Joao Avelino de Camargo) y no a Gloria, a esta le dedico  un vals Gloria y amor. Tal vez la escena más borrosa sea aquella en la que un presidente Eusebio Ayala condecora a Agustín Barrios (hecho ficticio que encierra una maliciosa ironía) en el propio Palacio presidencial, y en este acto Mangoré pide a este crear una "Academia" en donde enseñase música; por las escenas siguientes se entiende que el presidente Ayala da directivas a su ministro en una carpeta que contiene el proyecto, pues un secretario de este pide a los Barrios hagan lobby con los parlamentarios para lograr aprobar el proyecto. Martín (hermano de Mangoré) enojado por el manoseo político abandona la reunión y queda Mangoré conversando con el secretario. Cuando Mangoré pide retirar la copia del proyecto se encuentra con la sorpresa de que el secretario no lo tenía y se subentiende por las escenas, que los políticos nunca tomaron en serio tal cosa, el rostro de Mangoré lo dice todo pues se llena de total decepción y apesadumbres. Ya me canse de demostrar que tal negativa jamás existió [Víctor M. Oxley (2009) Agustín Barrios Mangoré. Ritos, Cultos, Sacrilegios y Profanaciones, ServiLibro, Asunción; y Mangoré Eterno (2015). Bubok Publishing S. L., Barcelona] esta espuria pseudo crónica es falsa de toda falsedad. Las referencias políticas en la historia de Mangoré son urdimbres de políticos que han ensayado la historiografía, en especial Saturnino Ferreira Pérez quien de hecho tuerce de propósito algunos hechos de la vida de Agustín Barrios por el sólo hecho de hacer quedar mal a ciertas personas que no son de su agrado. Y esto de que Mangoré tuvo que dejar para siempre su querido Paraguay es un invento que cae en esta categoría y que dentro de los hechos que connotan su vida la demarcan forzosamente en los límites de la mentira. Creo que la más grande omisión en la película es el hecho de que Agustín Barrios Mangoré encordaba su guitarra con cuerdas de acero, de hecho las obras de Mangoré en las manos virtuosas de Berta Rojas suenan con el color tímbrico habitual del nylon en la película, más es harto conocido que Mangoré toda su vida las prefirió por sobre las de tripa o las de nylon, si se quería dar un viso de realidad al audio de la película también la interpretación de la música que aparece en ella debiera de sonar con las cuerdas de metal cruzando el diapasón. Y así, se van sucediendo otros hechos que ameritarían una larga discusión. Este procedimiento de inventar hechos o cambiarlos en sus detalles no es inocuo, pues deja un daño colateral irreparable, la opacidad referencial de los hechos reales que se difuminan en un amasijo indeterminado de estados en donde la ficción engulle a lo fáctico.

Mangoré (Agustín Barrios) fue un personaje "real" de carne y huesos como cualquier mortal, pero fecundo como pocos en la creación musical por ello es considerado hoy el más grande paraguayo por su contribución al legado cultural de la Humanidad. Hacer un film que intente caracterizarlo es de hecho un gran desafío, y este desafío por sobre todo es un desafío moral, que a ciernes se constituye en una "obligación" moral pues no estamos hablando del vecino de la cuadra. Si bien aceptamos que el cine, el séptimo arte, se funda en la ficción, no por ello este debe abandonarse a la construcción sin límites de quimeras que sucumben a la incoherencia borrosa de hechos que falsean la verosimilitud de la vida misma del genio recreando forzosamente la "realidad" del guionista a su caprichosa vorágine. El cine es un arte masivo y en alto grado su mensaje lo transmite a un receptor pasivo, que deja fluir su discurso sin miramientos dinámicos ni mucho menos detenimientos crítico reflexivos. El público común consume lo que se le presenta, tal cual pasa frente a sus ojos. Este pasivo espectador se preguntará acaso ¿Si la historia que observa está construida sobre la verosimilitud de los hechos reales que connotan a los personajes? la respuesta a esto es un rotundo NO. El público pasivo da por hecho que lo que está viendo fue así tal cual se le narra. El público pasivo no tendrá una "duda metodológica" al estilo cartesiano sobre la veracidad de los sucesos que transcurren frente a él, de hecho, el film lo convierte en testigo privilegiado de los hechos que se le imponen. "Es la vida de Barrios pero con vuelo creativo, que debe tener todo guion explicitaba Leo Rubin a manera de petición de principios (como se argumento a lo largo de estas reflexiones este punto de partida deja nulo el compromiso socio-cultural que tiene que tener el productor, director o guionista de una biopics con ambiciones como esta), pero nosotros queremos hacer una reflexión sobre ella ¿cuál es el nivel de compromiso moral que tiene el guionista, el director o el productor de la biopics "Mangoré, por amor al arte" frente a su imaginaria recreación de una realidad inexistente en algunos casos, que según se constata re-crea un Agustín Barrios a sus propias exigencias supeditando la realidad al fin comercial con miras al mercado de espectadores? nos preguntamos esto pues los mismos afirmaron que la intención ex profeso era "sobrepasar los datos que tuviesen que ver con la realidad". Como es una película no pondrán notas aclaratorias a pie de página o adendas al estilo de los libros en donde aclaren que ciertos hechos son creaciones propias y de hecho jamás acontecieron en la vida de Mangoré.

¿Quién reparará el daño histórico-cultural de esta gran ficción? en este sentido un crítico señalaba refiriéndose a la biopics The imitation game de Tyldum sobre la vida del científico británico Alan Turing: "Los que no conozcan al genio, aprenderán muy poco sobre él. Los que veneran su memoria sufrirán", así también pasa con el ficcionado Agustín Barrios Mangoré de Luis Vera, después de este parcialmente infructuoso esfuerzo cultural. Sí según Leo Rubin "El objetivo siempre fue que la gente sepa más sobre Mangoré", este esfuerzo debería de haberse fraguado con vuelos de la imaginación sobre un sólido cúmulo de datos y hechos veraces de la vida "real" de Mangoré y no inventar hechos que hasta contradicen lo que hoy sabemos sobre su vida ¡Que gran oportunidad malgastada y desperdiciada!


sábado, 27 de septiembre de 2014

SOBRE “POLCA 18 DE OCTUBRE SE CREÓ EN SAN JUAN, MISIONES” DE RAFAEL MONTIEL

                                                                                        por Víctor M. Oxley



En el artículo periodístico de Rafael Montiel publicado en el diario ABC color en fecha 26 de setiembre de 2014, titulado “Polca “18 de Octubre” se creó en San Juan, Misiones”, el autor afirma que  “La polca 18 de octubre se creó en San Juan Bautista, Misiones, en 1891 y sus autores fueron los integrantes del conjunto Los Forestales, don Cornelio Barrios y Don Doroteo Barrios, este último padre de Agustín Pío Barrios” y además dice que “No se sabe porqué, ni como pasado el tiempo, la polca 18 de Octubre, creada en San Juan Bautista, Misiones, empezó a sonar como Himno del Partido Liberal” (estás afirmaciones parafraseadas por el articulista son del historiador Luis Verón publicadas en su nota “VIDA Y ÉPOCA DEL COMANDANTE SANTOS MIÑO”).

Por nuestra parte podemos acotar, por ejemplo,  que la obra "Ca´azapá" (grabada con la nominación de "Aire popular paraguayo" por el mismo Agustín Barrios Mangoré en 1913-1914 para el sello Atlanta-Artigas), hoy nombrada comúnmente como de Agustín Barrios, originalmente pertenece a Eloy Martín Pérez, quien se la dedicó a la bella dama ca´azapeña, señorita Rosa Alderete; el autor primigeniamente bautizó a la canción con el título de "Nde resá porã", más luego por transformaciones en la comunidad musical en la década de 1920, sufre de importantes cambios, como el de relacionar la dulce melodía original con los versos de Carlos A. Jara en su escrito "Maravé ndoicoi"; para 1922, y a raíz de la revolución llevada a cabo por esas fechas, se la rebautiza como la "Canción del soldado", con letra de Rafael Ríos pero cantada con la melodía de "Nde resá porã" (sobre este tópico se puede leer la obra de Mauricio Cardozo Ocampo “Mundo folklórico paraguayo” Tomo 3, págs.. 253-254); como se puede constatar, esta bella página del acervo nativo pasó por interesantes transformaciones, pero al final,  quedó simplemente la obra musical, desde las más bellas cúspides armónicas a las que Agustín Barrios la elevó, reconocida simplemente por el título de "Ca´azapá" (Esta práctica musical en el Paraguay causo un sinfín de problemas legales sobre derechos de autor, sobre este tema se puede leer a Ángel Antonio Gini Jara y su obra “Samuel Aguayo una gloria del folklore”, pág. 105 y s.s.). Es importante connotar que era costumbre por aquella época, entre los músicos paraguayos, escribir letras y dar instrucciones que debieran de ser entonadas con esta o aquella melodía, por ello los ejemplos citados líneas atrás. Lo más probable es que la polca 18 de octubre se encuadre al caso, es decir, creada la melodía original, con alguna letra para el efecto (o simplemente fue creada como melodía), con el tiempo se haya asociado -por espontaneidades de la comunidad musical- con la letra que actualmente conocemos, y de esa manera haya pasado al acervo popular tal cual hoy se la interpreta mientras que a la par se convierte en uno de símbolos del centenario partido Liberal por iniciativa del imaginario colectivo.

viernes, 13 de diciembre de 2013

SOBRE LA AFIRMACIÓN: "(MANGORÉ) [...] ERA DE FAMILIA DE COLORADOS"

                                                                                 Por Víctor M. Oxley

El aspirante a historiador Carlos Salcedo Centurión falsea la verdadera historia de Agustín Barrios Mangoré, es un verdadero falsario y no es un juego de palabras la expresión. Como muestra de ello se tiene que afirma en el video documental realizado por Chango Spasiuk PEQUEÑOS UNIVERSOS: GUITARRA PARAGUAYA (aquí lo pueden ver: http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=110662 ) que la familia de Agustín Barrios Mangoré era de extracción colorada o afecta a la Asociación Nacional Repúblicana [Escuchar 00:04:36 “En 1904 subieron los liberales y él era de familia de colorados” y 00:04:40 “ahí ya le marcaron-- a él y a su familia”], y que por esa razón tuvo que irse del país. 

Los padres de Agustín eran de Bella Vista, Corrientes, por ello son argentinos; vinieron al Paraguay a instancias de los hermanos del padre de Agustín, Don Doroteo hacia 1880 aproximadamente y se afincaron en la zona de Misiones, Paraguay. 

Según aseveraciones del paraguayo, Saturnino Ferreira Pérez, autor del libro “Agustín Barrios, Su entorno, su época y su drama”, los hermanos mayores de Agustín, Rómulo, Héctor y Virgilio eran liberales, y como prueba de ello se puede acotar que cuando muere Don Doroteo Barrios y deja el Viceconsulado vacante, su hijo Rómulo es nombrado en el mismo por un decreto presidencial del presidente de la República en ese entonces, el liberal Dr. Benigno Ferreira y refrendado por el también liberal Dr. Cecilio Báez, además se puede comentar también que en la revolución de 1904, Miguel Virgilio Barrios se presenta al campamento revolucionario de los liberales en Villeta y se pone bajo las ordenes del liberal Don Manuel Gondra. 

Como se ve y se puede deducir de estos hechos, la familia de Agustín Barrios no era de adscripción “colorada” como asevera en su mentira el falsario de nuestra historia Carlos Salcedo. En cuanto a que tuvo que irse por sus ideas políticas coloradas es falso de toda falsedad. 

Se fue por la simple razón de que aquí no era el escenario propicio para destacar, su peregrinar nómada fue la detonante de su genialidad, pues las obras que tenía en su morral, hechas en Paraguay, como ser “Abrí la puerta mi China”, “Kygua Verá” (con letra del liberal Marcelino Pérez Martínez), “Isabel”, “Petit Pierrot” etc. estaban muy por debajo del nivel que alcanzaría luego del contacto con el gran músico uruguayo Eduardo Fabini a partir de 1913, pues de allí en más, luego de que Fabini le diera clases de composición y armonía, se elevaría su potencial estético en el dominio del arte de componer música de muy alta calidad, fruto de ello serán “La Catedral”, “Las Abejas”, “Choro de Saudade”, “Maxixa”, “Confesión”, “Mazurca Apasionatta”, “Madrigal Gavota”, los Valses 3 y 4 etc. 

Para un mejor contexto de lo referenciado líneas atrás que reafirman lo contrario a las afirmaciones de Carlos Salcedo les remito en este blog: http://barriosmangore.blogspot.com.ar/2013/10/sobre-el-falso-destierro-de-agustin-pio.html en donde encontraran unos hechos bien documentados que afirman muy otra cosa.