Mangorè Eterno Ediciòn Especial 130 aniversario de su nacimiento

Revista Ñande Reko Nº 1

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EDUARDO FABINI Y AGUSTÍN PÍO BARRIOS



                                                                                          por Lic. Víctor M. Oxley

Agustín Pío Barrios reside por Uruguay entre los años de 1911 a 1929, hay testimonios de sus conciertos en Salto, Tacuarembó, Minas, Rivera, Rio Negro, Cerro Chato, Cerro Largo, Fraile Muerto, La India Muerta, Melo y Treinta y Tres; vivió por el lapso aproximado de 10 años intermitentemente en la República charrúa. Dentro de su itinerario nómada, el Uruguay es lugar clave para comprender su evolución como genio de la composición para la guitarra clásica por varios motivos. En los escenarios orientales se presentaba con su verdadero nombre, Agustín Pío Barrios, por ello podemos referirnos a esta etapa de su vida artística como la etapa de Agustín Pío Barrios, pues como sabemos posterior a esta se autodenominaba El Cacique Nitsuga Mangoré y al final asumió integrar esa desdoblez en la expresión nominal de su nombre en Agustín Barrios Mangoré.

Así se registra su paso temprano por el Litoral uruguayo, en el teatro El Progreso de Paysandú en el mes de junio de 1911. Para 1912 Agustín Barrios desembarca en el puerto de Montevideo. Se contacta con el Sr. Carlos U. Trápani quien tenía una tienda y editora musical en la capital uruguaya. En esta se organizaban encuentros musicales. Así Barrios se presenta junto a los guitarristas uruguayo Julio Otermín y el español Francisco Callejas en el local de Trápani. De esta experiencia existe una crónica hecha por Miguel Herrera Klinger quien afirma que: “muy poco habría que decir sobre el valor de su música (la de Barrios), que se concretaba a piezas bailables, pero a las que imprimió una alegre y entusiasta vitalidad. Un programa musicalmente malo y una interpretación de su música, hermosa y extrañamente emotiva”. Por este año de 1912, Agustín Pío Barrios compone la obra dedicada a su madre Martina Ferreira de Barrios “Invocación a mi Madre” (su mejor obra por ese entonces). Agustín Barrios Mangoré una vez por el puerto de Montevideo, allá por 1912 conoce al guitarrista español invidente Antonio Giménez Manjón (1866-1919). Por esta época Agustín Barrios hace giras por ciudades orientales como las de Florida, Río Negro, Salto, Tacuarembó, Rivera, Lavalleja, y Cerro Largo.

Es muy importante acotar que después de una labor intensa en el ambiente cultural musical de Montevideo, allá por los años de 1910 y después de haber fundado la Asociación de Música de Cámara, en la cual fue integrante como Primer Violín, a la par el Conservatorio Musical del Uruguay, entidades en las cuales fue un activísimo participe hasta el año de 1913, Eduardo Fabini decide retirarse a la campiña uruguaya y se establece en el departamento de Lavalleja, en el lugar paradisiaco de Fuente Salus.

En el año 1913 sucede un hecho que va a marcar un antes y un después para siempre en la vida artística del guitarrista paraguayo, entabla amistad con Eduardo Fabini (1882-1950). Eduardo Fabini es la mayor influencia en la evolución estética que recibiera Agustín Barrios en toda su carrera. Eduardo Fabini fue por un periodo razonable guía hacia la maduración en la composición y la grandeza en la interpretación de Agustín Barrios, por aquellos años de beduino nómada del arte por la región charrúa, debemos recordar que Fabini fue un excelente y bien dotado músico, violinista (también guitarrista) y compositor uruguayo entre los más grandes de su patria.

De Eduardo Fabini, Barrios recibió clases de composición y análisis musical, en especial un énfasis sobre las obras de Johann Sebastian Bach, desde sus obras virtuosas para el violín solista, como lo son las Partitas. Es importante destacar que Eduardo Fabini era un virtuoso del violín y en las Partitas de Bach encontraba vehículo apropiado para demostrarlo, cuando regresa laureado de sus estudios en el Real Conservatorio de Bruselas, da un concierto en el Teatro Solís interpretando con César Thompson, su profesor del conservatorio, obras a dúo para violín de Johann Sebastian Bach. Las Partitas dieron a Barrios la clave para su técnica de distribución de voces en el diapasón de la guitarra, le aportaron el uso virtuosísimo de la melodía adosada con escalas y arpegios en un rango o ámbito de tesitura jamás soñado en la guitarra hasta entonces, además le enseñaron como conducir las voces armónicas en los enlaces cadenciales –en procedimientos de Fortspinnung y Durchrfurung al estilo bachiano- aportándole la forma magistral de los enlaces por grado descendente y continuo característicos de su obra madura.

Todo esto se refleja por la introducción bien meditada de las obras de Bach –por parte de Barrios- en su repertorio de concierto por aquellos años y que mantendrá a lo largo de toda su carrera hasta su muerte, estos incluirán las obras que forman parte de las Sonatas y Partitas para violín del genio alemán de Eisenach. Fabini hizo las gestiones debidas para posibilitar presentaciones de su amigo y discípulo Agustín Barrios en los escenarios más selectos en la República Oriental del Uruguay, así a Barrios se le abrieron las puertas de los enclaves más granados del parnaso musical oriental, el Conservatorio La Lira, en donde Fabini estudio sus primeras lecciones de violín y luego se desempeñara como profesor, y el más grande e importante teatro del Uruguay: el Teatro Solís en Montevideo.

Es de señalar que Fabini había sido adscripto a la Embajada del Uruguay en los EE.UU. de Norteamérica, en el país del norte alcanzo un gran éxito artístico, pues su obra sinfónica fue estrenada en Nueva York en 1927, la R.C.A. Víctor decidió grabar las obras “Campo” y “La Isla de los Ceibos” interpretadas por la orquesta Filarmónica de Nueva York bajo la dirección de Wladimir Shavitch; y así Fabini se convirtió en el primer Latinoamericano en alcanzar tal mérito; y queriendo seguir los pasos de su amigo Fabini, Barrios soñando con la fama internacional incuba un proyectado viaje a los EE.UU., fue el mismo Fabini quien alimento este deseo en Agustín Barrios. Cuando Agustín Barrios fue a Europa con la familia Salomoni, lo hace con la esperanza de darse a conocer como gran músico intérprete y compositor de la guitarra, y siendo así, a instancias de las gestiones y relaciones que Fabini le allanara se presenta el 7 de noviembre de 1934 en el Real Conservatorio de Música de Bruselas, antigua catedral del arte en donde Fabini recibiera su primeros laureles del arte en 1903, siendo primer premio y medalla de oro como egresado de violín, y luego de composición en 1907. En su presentación ante lo más selecto de la élite musical europea Barrios interpreta la Suite completa de la Partita Nº 3 de Johann Sebastian Bach, obra que ya en sus años charrúas, bajo la tutela de Fabini había estudiado en profundidad, y siendo obra bien meditada en todos sus detalles, lo hace con una calidad sin igual dejando a los asistentes atónitos por tal proeza virtuosa de interpretación pos barroca en la guitarra.

La lista de interpretaciones de Bach por parte de Barrios Mangoré, extractadas a partir de programas de concierto conocidos es la siguiente: de la Sonata n.º 1 en sol menor, BWV 1001: Siciliana (en dúo con Eduardo Fabini en un concierto en Minas, Lavalleja en el Uruguay); y Fuga (10 ocasiones); de la Partita n.º 3 en mi mayor, BWV 1006: “Preludio” (14 ocasiones);  “Loure” (9 ocasiones),  “Gavota en Rondó” (13 ocasiones); “Bourré” (6 ocasiones);  de la Partita nº 2 en Re menor, BWV 1004: “Allemande” (2 ocasiones); “Courante” (6 ocasiones); y  “Sarabanda” (1 ocasión).

En referencia a estas obras aún hoy se pueden ver dos manuscritos hechos por puño y letra de Agustín Barrios Mangoré. El Courante de la Partita nº 2 en Re menor, BWV 1004 trunca en el compás 24 (como son 82 compases en total, faltan 58 compases, y de seguro por lo menos tres páginas al manuscrito) autografiada en honor a su amigo y mecenas uruguayo Don Martín Borda y Pagola; y Allemande de la misma obra bachiana referenciada, en versión para segunda guitarra en un cuadernillo de lecciones hecha por Mangoré para dar clases en El Salvador.

El paso nómada de Agustín Barrios por el Uruguay fue el periodo más estimulante en cuanto la maduración de su habilidad artesanal en el dominio de las técnicas musicales de la composición, y en este sentido podemos afirmar sin lugar a dudas que el talentoso músico Eduardo Fabini fue su influencia más profunda y duradera, como muestra de ello el propio Agustín Barrios compuso una obra en honor a Eduardo Fabini datada en un manuscrito de fecha 24 de abril de 1924: Fabiniana.

Como muy bien lo describiera Miguel Herrera Klinger, Agustín Barrios sufre una explosión cualitativa en aquella década de fines del 10 y todo lo que va del 20, obras tales como: las pos barrocas  La Catedral, Las Abejas, Preludio en Sol menor; y las ultra románticas Souvenir d´un Reve (Rebautizada “Sueño en la Floresta”), Mazurca Apassionata, Valses Nº 3 y Nº 4, Confesión, y las folklórico-imaginarias Aconquija, Cueca, Aire de Zamba, Choro de Saudade etc. datan de esta etapa de su vida. Con estas obras, Agustín Pío Barrios pasa de la categoría de artesano con ingenio a la de genio artístico en mayúsculas.

En tierras uruguayas Agustín Barrios encontró las piezas claves para el audaz despegue que marca la diferencia entre la obra de arte fruto del pulso ilustrado y sofisticado, y la intemporalidad del signo que escapa a su grafía y se proyecta más allá de todo, hecho que enmarca la mente y el intelecto de unos pocos ingresados al círculo de los genios universales, siendo así Agustín Barrios se convirtió en el genio paraguayo de la composición y la interpretación del Ultra Romanticismo en la Guitarra.

viernes, 15 de noviembre de 2013

EL PRELUDIO EN DO MENOR DE AGUSTÍN PÍO BARRIOS MANGORÉ

                                                                                                           por Lic. Víctor M. Oxley



La obra madura de Agustín Barrios lleva el sello inequívoco de su genialidad, entre estas está la que lleva por título “Preludio Nº 3” en la armadura de clave de Do menor. Esta obra fue compuesta antes de octubre de 1940, presumiblemente cuando Agustín Barrios se encontraba por Centro América, el manuscrito existente referencia a la ciudad de San Salvador como lugar de transcripción. El manuscrito lleva las anotaciones, por cierto con hermosa tipografía de líneas manuscritas, de las precisas digitaciones para la mano izquierda (no siempre acatadas por los intérpretes dicho sea de paso), indicándose en ella Adagio como medio expresivo.  


“Generalmente se acepta que la música expresa algo –dice Arnold Schoenberg-. Sin embargo, el ajedrez no cuenta historias. Las matemáticas no evocan emociones. De igual modo, desde el punto de vista puramente estético, la música no expresa lo extra musical”;  este artículo no se limitará a comentarios del tipo de que la obra es simplemente bella, toca el corazón, conmueve en lo más profundo etc. Pretende mostrar ciertas claves de la profunda mente musical de Agustín Barrios Mangoré, cuyo academicismo magistral, estructura sus creaciones en unidades orgánicas coherentes, ajustadas a las prescripciones rígidas, pero no por ello hueras, de las técnicas propias de la composición musical, pues Agustín Barrios Mangoré era un académico del arte musical a todas luces, y si deseamos conocer la profundidad de su mente, no debemos limitarnos a lo periférico en la aproximación de su obra, sino sumergirnos en lo profundo de su creación para admirar el dominio magistral de la técnica compositiva que poseía, pues hoy podemos afirmar que Agustín Barrios Mangoré es una de las más grandes mentes creativas que tuvo la guitarra universal.


El ritmo armónico en el Preludio en Do menor es constante, pues los cambios de armonía evolucionan durante la pieza a intervalos muy regulares. En toda la composición una armonia que pone sus acentos a intervalos de blancas domina sus compases. El predominio de la técnica del enlace armónico por inversiones de tipo terceras y sextas, junto con las típicas progresiones de fundamentales o con la quinta en el bajo equilibran la dinámica natural de la fuerza que los cambios armónicos producen en sus cadencias.

 

En esta obra –compuesta en la tonalidad de Do menor- que no precisamente por ello lleva la marca inequívoca de la “tristeza” como muchos comentan, pues como muy bien acotó Arnold Schoenberg: “como una simple convención estilística, ha adquirido la cualidad emocional de tristeza en el vocabulario de los compositors clásicos, a pesar de las muchas canciones populares que hay de carácter alegre en los modos de tipo menor”, se suceden interesantes saltos del leitmotiv –la diada de notas en lo superior de la armonía- que generan tensiones a estos, por el uso de las 9vas. mayores y menores, 7mas. tanto mayores como menores, 5tas. disminuidas, 4tas. agregadas o en sustitución etc. Su textura es homofónica, de densidad 4 invariante, en cuanto su textura espacial llega a un mínimo posible en el compás 13, abarcando una octava y segunda menor entre el G y el Ab, y como textura espacial máxima, justo en la mitad de la obra -en el punto de mayor climax extásico- , en el compás 16, con un abarcamiento entre la voz inferior Fa y la voz superior G de 2 octavas y una segunda mayor.



Esta obra mangoriana esta segmentada en 3 periodos bien diferenciados armónicamente, y subdividida en sub periodos que van entre 4 y 6 compases agrupados. Toda la pieza conduce su lirismo por la escala de Do menor (1er. Periodo: compases del 1 al 14, y 3er. Periodo: compases 24 al 32), tanto armónica como natural (según sea el caso requerido a los dictados de la fina mente musical del maestro), y contrasta sus secciones con un intercambio modal al modo menor de la armadura de clave de Fa (2do. Periodo: compases 15 al 23).  



 

El 1er. Periodo está dividido en 3 secciones: 1) Desde el compás 1 hasta el 4, con la cadencia I-V-V-I; 2) Desde el compás 5 al 9, con la cadencia III-V7subV7-VII-Vsus4-V7;  y 3) Desde el compás 10 al 14, con la cadencia I-Vm sus4-III add 6-VMaj/b9-V Maj- V7. 

El 2do. Periodo esta seccionado en 2 partes y transcurre en la tonalidad de Fa menor (la sub dominate menor de Cm): 1) Desde el compás 15 al 19, con la cadencia VIIdim-I-IIIMaj-VIm-V7subIIIMaj, 2) Desde el compás 20 al 23, con la cadencia VIIdim-I-VIm-IIMaj.



El 3er. Periodo está dividido en 2 secciones en la tonalidad de Do menor. 1) Desde el compás 24 al 28, con cadencia I-IVm-VII7-IIIMaj-IVMaj de IMaj (AbMaj), 2) Desde el compás 29 al 32, con cadencia I-V7-I-I.



El leitmotiv melódico conduce la pieza bajo el criterio de secuencias, pues la melodía que siempre está en la zona más alta progresa a grados continuos descendentes sobre la escala de la tonalidad. Este procedimiento denota la genialidad del intelecto musical de Agustín Barrios pues las soluciones que da a la progresión armónica que acoge a la melodía en los momentos de cada compás señalan un brillante uso lúdico de los acordes que así denotan una riqueza armónica brillante. Es digno de acotar que el leitmotiv compuesto por la diada interválica de 6ta. y 5ta. también se puede encontrar como recurso melódico en una obra compuesta en 1921 como lo es Las Abejas, que instituye en la nota superior del acorde, en el compas 3, del Dm, la quinta La y la asocia a la 6ta., al Bb del Gm del último grupo de corcheas del compás en conjunción como motivo melódico; así también la bellísima obra creada alrededor de 1929 Choro de Saudade inicia la composición con la nota superior del acorde de Gm suspendida por la sexta (Eb) que resuelve en sincopa en la quinta (D) como en el primer compas del Preludio en Cm.



 
Esta obra de Barrios Mangoré -así como por ejemplo entre otras el Preludio en Si menor -que en caracteristicas generales es muy parecida en cuanto idea generatriz al Preludio en Do menor- y que en su 1era. Sección de La Catedral (dicho también de paso podemos decir que si aumentamos el valor de la figuración melodica del sogetto que aparece en el primer compas de esta obra, de negras con puntillo a blancas con puntillo y el de la corchea a negra, obtenemos el mismo valor de las notas de la melodía del primer compas del Preludio Nº 4 Opus 28 de Chopin), es un típico ejemplo de una obra enmarcada dentro de las prescripciones barrocas, sus características se ajustan al uso de la frase de continuidad envolvente e indiferenciada, con una constante fluidez rítmica, que junto al axioma del horror al vacío del Alto Barroco, llena todo el espacio lineal con las semicorcheas que dominan la figuración melódica rítmica, y se podría señalar también al Preludio en Dm BWV 999 de la Suite para Laud de Johann Sebastian Bach como símil eidético tanto en la idea de un sogetto constante que dirige la pieza –el sogetto (en esta obra de Bach desde abajo es decir en el bajo)- y la técnica de ir progresando las armonias en cadencias acórdicas invertidas que se unen por grados descendentes a lo largo de la pieza.



La brevedad en extensión del Preludio en Do menor de Agustín Barrios Mangoré para nada le quita profundidad de contenido, pues así como la brevedad del Preludio Nº 4 Opus 28 en Em de Chopin -citado anteriormente- que con una simplicidad armónica pero con recursos muy propios del característico cromatismo chopiniano conducidos también en secuencias armónicas en progresiones descendentes, agrega texturas atrapantes a sus pasajes, la obra de Agustín Barrios Mangoré se constituye en una de las piezas más excelsas de la literatura para guitarra, gracias a que en ella se concentra toda la fuerza de su genial imaginación, plasmando el genio paraguayo de la guitarra una de sus más geniales obras maestras.

sábado, 2 de noviembre de 2013

ANÁLISIS DE “LA CATEDRAL” DE AGUSTÍN PÍO BARRIOS MANGORÉ

Esto que va a continuación es una muestra de lo que vengo desarrollando ya hace unos años a manera de análisis sobre la integral de obras de Agustín Pío Barrios Mangoré. Este trabajo ya lleva bien adelantado su norte, en breve se publicará