Mangorè Eterno Ediciòn Especial 130 aniversario de su nacimiento

Revista Ñande Reko Nº 1

domingo, 6 de octubre de 2013

SOBRE EL FALSO DESTIERRO DE AGUSTÍN PÍO BARRIOS MANGORÉ DEL PARAGUAY



Extracto del capítulo “Agustín Barrios Mangoré ¿Un colorado? (págs. 177-192) perteneciente al libro AGUSTÍN PÍO BARRIOS MANGORÉ. RITOS, CULTOS, SACRILEGIOS Y PROFANCIONES de Víctor M. Oxley, publicado por la editorial ServiLibro en Asunción en 2010.

En lo que va de los años de 1922 al 1925 en el Paraguay, son de tensiones políticas intrigantes; este contexto está enmarcado por los constantes reclamos de intervención en la cuestión del Chaco y la presión de grupos socialistas y anarquistas contra el Gobierno Liberal, llegando a su cenit estos con los vehementes impulsos irracionales del 23 de octubre de 1931 con la innecesaria y descabellada inmolación de la juventud paraguaya frente al Palacio de López (el Gobierno estaba en acciones silenciosas preparándose, pues no tenía la suficiencia tanto legal como militar para responder con energía ante el hecho de la invasión boliviana al Chaco paraguayo).

Un momento álgido –como muestra de esos tiempos revoltosos- llegó con la sublevación del Coronel Adolfo Chirife y el Tte. Coronel Pedro Mendoza.

“Al iniciarse el año 1923, la revolución de los “Coroneles” estaba vencida, pero no sometida –comenta Manuel Peña Villamil-. Posterior a la derrota de “Ca´i puente (Coronel Bogado) las fuerzas rebeldes se dirigieron al norte del país.” (Peña Villamil, 1993: 179).

A pesar de que se estaban replegando los insurrectos, el Gobierno intentaba la pacificación, y a pesar de ello, estos grupos todavía intentaban separar de la Presidencia transitoria al Dr. Eligio Ayala que la había asumido en reemplazo del Dr. Eusebio Ayala (este renuncio porque el Partido Liberal lo había nominado a la postulación del cargo de Presidente de la República, aunque todavía faltasen año y medio para ello y a expensas que la rebelión aún no haya sido aplacada del todo).

“La Asociación Nacional Republicana (partido Colorado) en su convención reunida el 18 de junio de 1923, resuelve retirar del Congreso sus representantes, que se hace efectivo el 21 del mismo mes. Reunidos extraordinariamente los Diputados “saco pukú” el 1 de agosto. Decretan la expulsión de los diputados sediciosos […] firmantes del manifiesto en que se incitaba al ejercito y al pueblo a levantarse contra el Gobierno del Dr. Eusebio Ayala” (Peña Villamil, Op. Cit.: 182).

Posterior a los hechos, el Congreso se reunió en sesión extraordinaria para solucionar el problema del mandato presidencial. Resolviendo que el 15 de agosto de 1924 debería de concluir este. El 3 de febrero de 1924, el Partido Liberal Radical, se reúne en una convención, en la cual se deciden como candidatos a los cargos de Presidente constitucional y a vice, a los señores Dr. Eligio Ayala y Manuel Burgos.

Proclamado Eligio Ayala para el cargo de Presidente, renuncia a la presidencia transitoria, este cargo vacante es asumido por el ministro de Hacienda Dr. Luís A. Riart quien termina el mandato presidencial.

“ […] la reunión de gabinete que se realiza […] el 13 de julio […] En la ocasión el Dr. Riart hace una extensa exposición sobre la preocupación del Gobierno por la cuestión boliviana, en el sentido que había llegado el momento de estructurar un plan amplio, completo y realizable inmediatamente para colocar al país en la situación de implementar una política de largo alcance.” (Peña Villamil, Op. Cit.: 185).
“ […] Con la Ley electoral se busco adecuarse a las exigencias del Partido Colorado. Por Ley sancionada el 4 de setiembre de 1924, se dictó una amnistía a favor de los insurgentes de la revolución de 1924, que inmediatamente se organizaron año siguiente” (Peña Villamil, Op. Cit.: 197).

Como consecuencia de esta amnistía y a favor de una conciliación política estabilizadora y cooperativa fueron designados en puestos diplomáticos exponentes del coloradismo, como ser Arsenio López Decoud, Juan E. O`Leary, Fulgencio Moreno, Isidro Ramírez, Tomas Salomoni (digno de mencionarse y recalcar es que Don Tomás Salomoni fue embajador al frente de la legación diplomática paraguaya con sede en México siendo Colorado bajo Gobierno Liberal, el Sr. Salomoni es quien convence a Agustín Barrios Mangoré a abandonar su caracterización del Cacique Mangoré; el diplomático le brindo el mecenazgo y junto con ello la posibilidad del sueño de Barrios de ir a Europa; esto sucedió mientras el Paraguay estaba sumido en la Guerra contra Bolivia por la cuestión del Chaco) entre otros.

Manuel Peña Villamil comenta que:

“Historiadores y políticos consideraron la contienda civil del 22-23 como un enfrentamiento entre dos facciones del Partido Liberal; radicales y schaeristas. Nada más errado y así lo entendió Ayala al mantenerse firme en el gobierno para rechazar la fuerza militar rebelde que representaba el Coronel Chirife y sus camaradas que lo acompañaron en su mayoría oficiales y jefes del cuadro permanente.” (Peña Villamil, Op. Cit.: 167).

A este respecto el Coronel Arturo Bray remite:

“Schaerer (principal referente del liberalismo por aquellos años) se hallaba enfermo de algún cuidado y no tuvo intervención directa en aquellas trapisondas; incluso se aseguró que era contrario al levantamiento” (Bray: 128).

El Dr. Amadeo Báez Allende –uno de los hijos del Dr. Cecilio Baéz- comentaba en una de sus memorias de estudiante (como miembro del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de la Capital) en torno a la que fuera la última presentación pública de Agustín Barrios Mangoré en el Paraguay en Asunción en el año de 1925:

“El señor Barrios estaba muy complacido de recibir una visita de tan selecto grupo de la juventud paraguaya y, cuando expresamos los motivos para buscarlo, respondió: “No puedo negarme a los deseos de ustedes los jóvenes y sería para mí una enorme satisfacción poder adaptarme a sus preocupaciones juveniles. Estoy a su servicio, solo díganme la fecha y la hora. Obtuvimos una entrevista con el Presidente del Ateneo, Dr. Juan Francisco Recalde, en la cual todos los miembros del Centro Estudiantil estaban presentes y con la euforia de la juventud explicamos nuestro deseo de lograr el uso de las instalaciones del Ateneo para llevar a cabo un concierto de guitarra que el renombrado guitarrista Barrios dedicaría a los estudiantes. Fue una sorpresa escuchar la negativa del Dr. Recalde, expresada en tono de enojo: “Él es sólo un guitarrista popular, que no sabe de música y no tiene un lugar en estos confines de la Cultura”, y añadió algunas palabras inmencionables. Nos fuimos muy sorprendidos por la violenta reacción del Dr. Recalde, y ahora ya sabemos el motivo: Agustín Barrios era de ideología colorada.(Stover, 2002: 103).

Richard Stover por su parte al aludir a este hecho refuerza el sentido de las palabras del Dr. Amadeo Báez Allende agregando que:

“[…] aun cuando de ningún modo estaba activo en la política, se había hecho de algunos enemigos simplemente a causa de su orientación política.” (Stover, Ibídem).

Si tomamos por un lado la expresión “ideología colorada” y por otro “orientación política” ambas expresiones de los citados, tenemos que “orientación política” e “ideología colorada” pueden intercambiarse, así se puede afirmar que la “orientación política” a la que alude Stover es la “ideología colorada”, por ende Stover afirma lo mismo que el Dr. Báez Allende. No está de más recordar que los dos partidos tradicionales del Paraguay, El Partido Liberal (ex Centro democrático) y la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) instituyeron en sus cartas de fundación la Filosofía política Liberal, ambos son de Ideología Liberal. La frase en palabras del Dr. Báez Allende tendría mejor sentido si solo connotase que Agustín Barrios era colorado. En realidad ese es el sentido solapado. Ambos, Báez Allende por su lado y Stover repitiéndolo afirman que Agustín Barrios es colorado.

Como se describió líneas atrás, Báez Allende afirma que “obtuvimos una entrevista con el Presidente del Ateneo, Dr. Juan Francisco Recalde”, esta acotación es imposible pues en esa fecha el Dr. Juan Francisco Recalde no era el Presidente del Ateneo paraguayo, por la sencilla razón que esta Institución aún no existía. Las dos instituciones que existían en esa época eran el Instituto paraguayo y el Gimnasio paraguayo; ambas instituciones pasaron malos momentos a consecuencia de la guerra del Chaco que se libro en los años de 1932-1935, y fue –según opinión de Juan Max Boettner- un sano criterio fusionar ambas en el año de 1934 bajo el nombre de ATENEO PARAGUAYO. El Dr. Juan Francisco Recalde firmo el acta como miembro del Instituto paraguayo, y recién llego a ocupar la Presidencia del Ateneo paraguayo en los periodos que van desde el 1939 a 1941(Boettner, 2008: 216).

Es digno de mencionar que el año de 1907, el Instituto paraguayo tenía como directiva la siguiente conformación: Presidente, Dr. Manuel Franco. Secretario: Juan Francisco Pérez. Tesorero: Cleto de J. Sánchez. Vocales: Dr. Eusebio Ayala, Dr. Eligio Ayala, Dr. Gualberto Cardús Huerta, Dr. Teodosio González, Dr. Félix Paiva y el Sr. Adolfo Riquelme. Es muy llamativo que cinco integrantes de esta comisión llegaron a ocupar la Primera Magistratura de la Nación siendo liberales (Boettner, Op. Cit.: 159).

También que los Sosa Escalada tienen una actuación destacada en varios ámbitos en la sociedad paraguaya. Gustavo Sosa Escalada nace en Buenos Aires por que su padre en esos momentos era un exiliado político, como resultado de la intransigencia colorada en el Gobierno, el Dr. Juan Manuel Sosa Escalada (tío de Gustavo) tuvo una primerísima actuación en el hecho del derrocamiento de los colorados del Gobierno en el 1904 junto también a Don Manuel Amarilla (también tío de Gustavo), los Sosa Escalada eran militantes del partido Liberal. Gustavo Sosa Escalada fue profesor del Instituto paraguayo en los periodos 1897-1898 y 1908-1909. Formo a Barrios y a otros destacados guitarristas paraguayos, a la par su pluma dejo marcas en los diarios La Opinión, La Nación, El Liberal, El Cívico, El Diario, El Orden, El País; escribió una crónica sobre la revolución del 1904 titulada “El Buque Fantasma”.

Por otra parte Godoy y Szaran comentan que Barrios incluía como repertorio, en arreglo propio la Polka Colorado (versión registrada en surco por Enriqueta González); y si desde esta situación “comprometedora” intentamos adjuntarle que fue la causa de su marginación de ciertos círculos culturales -como ser el Instituto paraguayo por ejemplo- sería una conjetura posible; más también por otro lado está el hecho de que en 1920 rindió un homenaje al recién electo Presidente Don Manuel Gondra (accediendo por 2da. vez al cargo de Presidente de la República como Liberal Radical) en el teatro Solís de Montevideo; y estos dos sucesos, en sí mismos contradictorios para sacar conclusiones, solo nos muestran que se manejaba en ambos terrenos, tanto entre liberales y colorados (Godoy-Szaran, 1994: 76-77).

En este sentido, Nicolás T. Riveros comenta que:

“En cuanto a la simpatía por el partido colorado se puede observar en numerosas ocasiones de que Barrios interpre­taba con bis, su propio arreglo para guitarra de la “polca Colorado”, sin embargo Agustín Barrios era apolítico y en­tre sus allegados, figuran Manuel Domínguez, Eligio Aya­la, entre otros, pertenecientes a diferentes líneas políticas.” (Riveros, 1995: 34)

La idea del Dr. Juan Francisco Recalde de que Barrios “es sólo un guitarrista popular, que no sabe de música” -según Báez Allende por supuesto- es imposible.

Que el Dr. Recalde no esté al tanto de las noticias en la prensa y del prestigio ganado en esos años por Barrios Mangoré es insostenible. En “El Diario” publicación liberal de fecha 21 de agosto de 1921 se puede leer:

“Nuestro compatriota está conceptuado por la crítica como uno de los mejores guitarristas y nuestro público que ha estado siempre ávido de escucharle tendrá la oportunidad de oírle en las audiciones que piensa dar en la ciudad.” (Godoy-Szaran, Op. Cit.: 68).

También “El Liberal” en misma fecha expresa cuanto sigue:

“Regresa hoy al terruño, después de una ausencia de doce años, con un nombre que aureolan sólidos prestigios […] Agustín Barrios, poeta de la guitarra, maestro os saludamos a la vieja usanza. Con emoción, con sinceridad.” (Godoy-Szaran, Ibídem).

A parte de las noticias en la prensa de las actividades y logros de Agustín Barrios Mangoré tenemos los hechos, como por ejemplo un programa de concierto realizado en 1906 en el mismo Instituto paraguayo teniendo al genial Mangoré como protagonista, interpretando “El Delirio” de Arcas. (Boettner, 2008: 147); y otros dos años después (1908) lo encontramos de vuelta en un programa de conciertos del Instituto paraguayo; a este alude Juan Max Boettner como comentario hacia la personalidad artística de Barrios de “conocidísimo profesor de guitarra deleitó (esa es la palabra) al público con varias piezas entre ellas una “bellísima” fantasía sobre motivos del Santa Fe (Boettner, Op. Cit.: 148).

En el libro de Saturnino Ferreira Pérez, se da cuentas de que Barrios-Mangoré estaba muy bien conceptuado por las autoridades del Instituto paraguayo, en su libro narra que en:

“EL DIARIO (del 15 de Setiembre de 1922) […] informa: UNA AUDICIÓN POPULAR DEL GUITARRISTA BARRIOS. El eximio guitarrista don Agustín Barrios prepara, antes de su partida para el extranjero, una audición de carácter popular. La dará el domingo próximo a las 5 y 30 p.m., en el Instituto paraguayo, a precios muy reducidos, de modo que la fiesta esté al alcance de todos.”(Ferreira, 1990: 39)

Luego cita que el 18 de Setiembre, en el mismo diario se hace la recensión de que efectivamente se realizo el planeado concierto con una interesante nota en ella:

“CONCIERTO DE BARRIOS: Ayer a las 5 y 30 tuvo lugar una audición musical del mago Agustín. […] ¿Qué resultaría si Agustín Barrios diese un concierto en Ca`i puente? – Que se acabaría la revolución. - ¿Tú crees? – Y cualquiera. La música domestica a las fieras, y esos tigres que a ratos embisten y a ratos no, se marcharían, al son de la “Marcha Heroica” del sublime guitarrista, hacia el venturoso reino de la paz.”(Ferreira, Op. Cit.:40)

Así se tiene que cuando corría el año del 1925, ya Barrios Mangoré gozaba de una reputación en la zona rioplatense hecha a base de constantes esfuerzos por superarse técnicamente, y como muestra de esa evolución ya tenía en su haber sus principales obras (la prensa conocía muy bien estos hechos como se pudo transcribir las opiniones de esta en párrafos anteriores), entre ellas la de proyección folklórica que son muy vanguardistas en lo que respecta al lenguaje de la música popular paraguaya de ese entonces; por lo tanto aceptar también las palabras/memoria/recuerdo de Báez Allende en la cita de Stover achacadas a la tozudez del Dr. Recalde de “y no tiene un lugar en estos confines de la Cultura”, es un sin sentido; pues Agustín Barrios Mangoré fue un activo miembro de la sociedad cultural-musical paraguaya, de destacada actuación en los mismos escenarios del Instituto paraguayo; su círculo de relaciones en él, le reconocían sobradamente meritos.

Sobre la memoria/conciencia tema recurrente en la novelística del Premio Cervantes Augusto Roa Bastos (Ver en especial el cuento Moriencia) podemos decir que:

“[…] La memoria no solo puede ser incompleta sino también creativa, cuando no inculcada” –sostiene Mario Bunge-,  y agrega también “que la falta de confiabilidad de los testigos es proverbial, y los psicólogos sociales la confirmaron experimentalmente (Ver al respecto Loftus (1994) y Miller-Staff (1993). La razón es que la percepción y la memoria […] están fuertemente coloreadas por intereses y emociones”. (Bunge, 1999: 386-387).

Partiendo de estas premisas podemos preguntarnos cuando Barrios Mangoré apunta (claro que esta es una proferencia elíptica por parte de Báez Allende de las palabras que supuestamente pronunciase 50 años atrás el propio Barrios Mangoré – según Stover son declaraciones hechas en el año 1975-):

“Sería para mí una enorme satisfacción poder adaptarme a sus preocupaciones juveniles”:

¿Podemos interpretar las palabras de Barrios como las de alguien que quiere apoyar (adaptarse) una causa política (preocupaciones juveniles) y no artística?

Creo que achacarle a Barrios la acción de un activista político no reúne las suficientes pruebas, más decir que la prohibición del uso de las instalaciones del Instituto paraguayo probablemente respondía a la negativa de un acto con tintes políticos por parte de los estudiantes, que aprovechándose de la buena predisposición de Barrios querían llevar a cabo, es factible.

“Las luchas electorales fueron siempre resonantes –sostiene Carlos R. Centurión- en el “Centro Estudiantil”. Lidias incruentas fueron; pero movidas, ardorosas, en las que la oratoria, estrepitosa y agresiva, rayaba a grande altura. Antes del día fijado para el acto cívico en el que debía renovarse la autoridad directiva, la propaganda era intensísima en el antañón edificio del Colegio Nacional. Se fundaban periódicos, que morían con el primer o segundo número; se editaban volantes y se realizaban asambleas parciales, briosas, iracundas.”. (Centurión, 1961).

Las condiciones socio-políticas por esas fechas, estaban en constante tensión y abonada para ese tipo de actividades. La negativa así se entendería como prohibición para con los estudiantes, y no para con el Agustín Barrios Mangoré del arte “populacho” (Según palabras de Báez Allende con las cuales caracterizo despectivamente a Barrios el Dr. Recalde).

En uno de los “testimonios” y citando como fuente a la revista “OCARA POTY CUE MÍ” (no se explicita el nro. de la revista, la fecha, Pág., autor del artículo etc.) Saturnino Ferreira Pérez escribe:

“Agustín Pío Barrios, había vuelto con la ilusión de brindar al pueblo paraguayo su arte, como lo había hecho en los meses que estuvo entre los años 1922/23. Donde había actuado con clamoroso éxito y rodeado de muchos amigos. En esta visita, fue rodeado de la indiferencia de la misma prensa y le negaron los Teatros y también el Ateneo para dar sus conciertos. El Liberalismo Radical no le perdonó a ambos hermanos Barrios, su filiación colorada y a sus hermanos Rómulo, Héctor y Virgilio, liberales cívicos. Mayor testimonio nos da la crónica de la actuación de los mismos en Villarrica.”(Ferreira, Op. Cit.:77)

Con respecto al concierto de Villarrica en otro lugar cita:

“EL ORDEN, 31 DE Diciembre de 1924 informa: DE VILLARRICA. […] Deseamos confesar a fuer de sinceros, que Villarrica, no ha respondido como debiera y como corresponde a tan eximios exponentes de la cultura artística nacional […] no dejamos de consignar la penosa extrañeza que nos causa la conducta de la juventud intelectual […] que no dedican una parte siquiera del entusiasmo que demuestran por el “futboll”, los tangos y los shimys […].”(Ferreira, Op. Cit.:76)

De la idea de que “se había hecho de algunos enemigos simplemente a causa de su orientación política” fácilmente se puede hacer el salto y afirmar, que los liberales le coartaron la posibilidad de sentar escuela y discípulos directos en el Paraguay y con ello crear herederos inmediatos en su tradición solo hay un pequeño hilo de separación; y en efecto Richard Stover suelta el hilo y afirma en que:

“Alrededor de esta época Barrios hizo una petición al gobierno para establecer una escuela de Música. Como ya se mencionó, Paraguay había atravesado por un prolongado periodo de guerra civil en 1922-1923 y esto junto con el hecho de que Barrios sin duda tenía sus “enemigos” (sus tendencias políticas, se decía, se inclinaban hacia el Partido Colorado, opositor del Partido Liberal Radical en el poder). Esto sirvió para obtener una rápida negativa a su petición. Barrios estaba ciertamente cansado de una vida de viajes constantes y sus esperanzas de establecerse en su patria se veían ahora por completo abandonadas.” (Stover, Op. Cit.: 100)

Más hay que tener mucho cuidado con este tipo de generalizaciones como la que hace Stover, pues siendo un hecho contextualizado en los condicionantes del obrar humano, que muchas de las veces no controlamos como fruto de tantas variables (la mayoría de las veces ocultas y que el investigador debe de tratar descubrirlas en hipótesis que las manejen en un amasijo- no de simplicidad- sino de riqueza y alta complejidad) y cuya reconstrucción verosímil y explicación no contemplan la unidimensionalidad de una llana monocausalidad.

Claro que se puede afirmar que Agustín Barrios Mangoré es colorado, pero a la luz de los argumentos sostener esa proposición (que no es solamente un formalismo sino una cuestión de hechos, “real”) es pretensión que escapa a sus condicionantes y a pruebas suficientes. Richard Stover solo, y digo de propósito “menciona”, las palabras del Dr. Báez Allende como prueba, pues en ningún momento aporta documentación al respecto que demuestre la filiación del genio de la guitarra con la nucleación política citada y mucho menos de “una petición al gobierno para establecer una escuela de Música”.

En el libro de Godoy-Szaran, los autores comentan que el local pedido por los estudiantes fue el Teatro Nacional, luego convertido en el Teatro Ignacio A. Pane o Teatro municipal (Godoy-Szaran, 1994: 75). Recordemos que por su parte Stover asegura que fue el local del Ateneo paraguayo el solicitado para el concierto; y así surge una contradicción, pues afirmar ambas proposiciones al mismo tiempo es un oximoron, más tenerlas en cuenta como si se tratase de dos pedidos, que fueron hechos como alternativa a una de ellas imposible es probable, como hecho continuo, sucesivo en el tiempo; pero jamás pueden ser tratados como hechos simultáneos pues de esa manera surge una contradicción que es exclusiva, y solo una de ellas puede ser verdadera.

Me aventuro a conjeturar una hipótesis (alguien podría investigarlo mejor) sobre la raíz del comentario que genera este articulo. El origen del problema es una cuestión personal entre Báez Allende y Recalde (ambos liberales y muy activos, que a parte de las lides políticas también se involucraban en las cuestiones culturales a través de distintos círculos y distintas asociaciones muy competentes en la sociedad paraguaya de aquellos tiempos); así, aquella primaria negativa para con Báez Allende y sus compañeros de colegio (en el 1925) traspaso los umbrales del tiempo y se convirtió en estigma a consecuencia de los hechos ocurridos en febrero de 1940, situación en la cual el Dr. Juan Francisco Recalde, plegándose a la decisión del bloque (schaerista) conformado con Jerónimo Riart, Orué Saguier y Francisco Sapena Pastor se involucraron en una decisión muy vidriosa, votar a favor del sistema democrático en contra de otros dirigentes “liberales” que autorizados por doce votos contra cuatro, aprobaron la disolución del Congreso. En aquella reunión habían faltado a la sesión diez miembros del Directorio, número que había de convertir en imposible esa resolución a favor de un mandato pleno al General Estigarribia (el Dr. Cecilio Báez, padre del Dr. Amadeo Báez Allende, fue el diseñador constitucional de la carta Magna del 1940 que le daba supra poderes al Primer mandatario), desde aquellos años el Partido Liberal se encontró fuera de las esferas del poder político por un periodo que se extendió en largos 68 años. Así entendida la cuestión, es una mezcla de memorias políticas mezcladas con recuerdos artísticos-culturales, todos ellos pintados por los colores de pasiones integradas en un amasijo indeterminado.

Finalmente podemos decir que si la “orientación política” de Barrios Mangoré es la “ideología colorada” entonces Agustín Barrios Mangoré era un “Liberal” (Ambos partidos, el liberal propiamente dicho y el colorado son de ideología Liberal), a lo sumo solamente eso se puede demostrar, pues si se sabe que era apráxico políticamente –como lo sostienen Godoy-Szaran (Op. Cit.: 77)- no se puede sostener que era militante “colorado”, no hay indicios que allanen esta cuestión.

De los argumentos expuestos por Stover en su libro, desde lo literal-textual se puede inferir que parafrasea a Saturnino Ferreira Pérez, en cuanto al tema que tratamos en este apartado sobre el tema de la filiación política de Agustín Barrios Mangoré, digo esto pues la práctica que este “musicólogo” emplea dentro del discurso de su libro aludido, no se ajusta a los usos académicos comunes sobre la citación de fuentes documentales-bibliográficas, es muy descuidado al no denotar concretamente su fuente y lugar exacto de donde extrae el comentario, y desde ello deja en un borroso limbo los créditos de los investigadores a quienes parafrasea; si bien al final de su libro hay un sumario de fuentes bibliográficas, dentro del texto en sí, no se hacen las llamadas a ellas acorde a principios básicos de referencias metodológicas y esto dificulta al que lo lee, en especial a aquellos investigadores que quieren cruzar y validar datos en fuentes comunes desde las cuales se apuntalan las “interpretaciones” y se reconstruye la vida de Mangoré.

De las palabras que cita Stover del Sr. Báez Allende –a parte de confundir, el biógrafo, el referenciado y el autor de la fuente Saturnino Ferreira Pérez, fechas e instituciones- no existen indicios de la supuesta aversión del Dr. Juan Francisco Recalde por la persona de Agustín Barrios Mangoré en sentido artístico –salvo por supuesto la afirmación de que Barrios era colorado (afirmación que motivó este análisis), además todavía queda por echar luz si fue el Instituto (Ateneo?) paraguayo o el Teatro Nacional la sede solicitada, o ambas a su debido tiempo (nadie aclara este tema)-; pues como se mencionó a lo largo de este escrito, los meritos de Barrios Mangoré eran de reconocimiento públicos por los máximos referentes en los círculos socio-culturales en el Paraguay de la época Liberal.

Para concluir este artículo, se puede afirmar que, el comentario que se rumorea en distintos círculos socio-culturales del país y del exterior, de que Agustín Barrios abandono para siempre su querido terruño por haber sido marginado en él es falso de todo falsedad. Esta pseudo afirmación responde a intereses extra culturales de círculos hegemónicos que buscan evitar la repatriación de los restos de nuestro conciudadano universal Don Agustín Pío Barrios Mangoré a nuestro suelo guaraní, y como se puede leer en este artículo, tal situación de “marginación” y posterior “exilio” jamás existió, es un mito fabricado en los años 70 a la medida de intereses que han hecho propaganda sobre ello a modo de evitar la repatriación de sus restos de la hermana nación de la República de El Salvador.

sábado, 28 de septiembre de 2013

A LA OPINIÓN PÚBLICA



El texto que sigue, es un comunicado dado a la prensa por el bisnieto de Agustín Pío Barrios: Marcelo Enrique Barrios, el día 23 de setiembre de 2013 en la Secretaria de Desarrollo para Repatriados y Refugiados Connacionales
 
Mi nombre es Marcelo Enrique Barrios Asalino, soy hijo de Enrique Antonio Barrios Morales y de Elvira Luisa Asalino de Barrios, mis abuelos son Pedro Virgilio Barrios Villalba y Carmen Morales de Barrios, mis bisabuelos son Agustín Pío Barrios Ferreyra y Gregoria Isabel Villalba. Llevo con todo orgullo mis apellidos. Con miras a todo lo tristemente acontecido en esferas de la cultura, me refiero a los hechos que una vez más manosean facetas de la vida de mi bisabuelo Agustín Barrios Mangoré, me veo obligado a expresar públicamente cuanto sigue.
Soy totalmente consciente del lugar de mi bisabuelo Agustín Pío Barrios Mangoré en la historia cultural, me llena de orgullo toda su labor; hoy a 69 años del nacimiento de su mito universal, su trayectoria surca los umbrales de la eternidad; sus obras y su memoria han cobrado dimensiones de gran envergadura.
Por mi sangre corre la sangre paraguaya de mi bisabuelo Agustín y mi abuelo Pedro Virgilio que, a instancias de su amor a la patria fue a luchar en la Guerra del Chaco junto con sus connacionales, mientras que su padre ayudaba a la causa con donaciones aportadas de su propio pecunio a través de sus actuaciones de concierto. Me consta que ambos amaban sobre maneramente a su país.
El legado de Mangoré es su obra, que por naturaleza es inmaterial en esencia así como el espíritu de su creador, pero no por ello no se dejan de manifestar, muy por el contrario, esa condición les da más fuerza de concreción pues a manera de posesión impulsa a espíritus en sintonía símil a corporeizarlas. El Paraguay referenciado en sus ilustres hijos, como lo son Cayo Sila Godoy, Berta Rojas y Luz María Bobadilla y tantos otros, ha sabido enaltecer a su compatriota Agustín Barrios Mangoré de la forma apropiada, difundiendo su gran obra, interpretándola por todos los confines de la tierra, estos actos son los que hoy hacen brillar con toda claridad la gigante figura del genio de San Juan Bautista de las Misiones.
Sobre las palabras que antepuse, hoy debo decir, que me llena una profunda congoja el saber que, existen personas que desean anteponer sus mezquinos intereses egoístas y con ello ser obstáculos a que la humanidad toda se prive del goce estético que la obra de mi bisabuelo produce en la emotividad profunda del ser que lo desea acoger. Me indigna que unas personas inescrupulosas se arroguen un derecho que no les pertenece. Me entristece ser testigo de cuánto daño produce la avaricia de algunos. Se ha dicho que han esperado 69 años a que mi familia reclame sus derechos sobre las obras de Agustín Barrios, el patriarca de mi sangre, además de que nos han dormido en esto, y que a instancias de nuestra impotencia y desinterés lo hemos dejado librado a la desidia. Existe un largo paréntesis que la gente no conoce sobre los hechos que hoy saltan con toda fuerza, y que ponen en el centro de todo, los derechos de autor del genio de la guitarra. Desde que mi memoria registra imágenes, estas hoy se me presentan en figuras que tal vez estén referenciadas en los nombres e imágenes, que en esas cartas, fotografías y documentos se apilan entre las cosas de mi abuelo y de mi padre -algunas datan de fines de los años 60- y me cuentan una historia, símil a la que se expone al público hoy con el actuar de esta gente sin moral: los mismos motivos, las mismas acciones, las mismas instituciones pero hoy representadas y encarnadas por otras personas pero que llevan la misma ambición de aquellas. Quiero dejar bien en claro que, mi familia, desde el interés y voluntad que pusiera mi abuelo Pedro Virgilio, a través de los reconocimientos de las potestades que le emanan de ser el único heredero legal y legítimo de su padre, mi bisabuelo Agustín, y que desde los años 70 personas connotadas de la sociedad cultural del Paraguay a través de las instituciones a quienes representaban, como ser el Centro de Guitarra Clásica “Gustavo Sosa Escalada” o Autores Paraguayos Asociados APA han hecho gestiones a su favor con el fin de hacer real que esos derechos intelectuales de propiedad sobre las obras musicales sean concretadas, lastimosamente su fallecimiento no le permitió lograr ese sueño legítimo, más estos hechos dejan en evidencia, que de aquella época a esta, se ha reconocido el derecho inalienable de mi familia, pues también mi padre fue asistido por esas entidades citadas en el menester de lograr adjudicarse los derechos de autor de su abuelo hasta su muerte prematura, de aquí que todo lo actuado pone en primer plano de que lo que hoy se reclama por parte de otras personas,  son en perjuicio de prerrogativas únicas de mi familia.
Creo que el pueblo paraguayo y el mundo, no pueden ser manipulados en extorsivos chantajes de usurero que lo priven del goce de su auténtica expresión, la cultura es un bien de todos, no se la puede censurar por decretos oficiales ni mucho menos por acciones legales que la hagan un bien de acceso exclusivo a solo unos pocos, o como por ejemplo hacer de un nombre como el de mi bisabuelo “Mangoré” “marca registrada”. Desde mi condición legítima y legal de ser el bisnieto de Agustín Pío Barrios Ferreyra, voy a hacer todo lo posible en cuanto mi alcance este, en apoyar con todas mis energías cualquier iniciativa de difundir el legado del ilustre paraguayo universal sin trabas de ninguna clase, y voy a apoyar cualquier intento que connote su memoria en el entendimiento de los pueblos sin ningún tipo de censura, mientras que a la par pondré todo mi apoyo a que sus restos mortales regresen a su amada tierra guaraní, y si para ello es condición necesaria la intervención mía en este “ilegal e ilegítimo” juicio sucesorio, tengo las condiciones jurídicas y morales para hacerlo.



                                                               Marcelo Enrique Barrios
                                                                    D.N.I. 22.750.941

miércoles, 19 de junio de 2013

"DANZA PARAGUAYA": PATRIMONIO DEL ACERVO FOLKLÓRICO NACIONAL Y CULTO UNIVERSAL DE LA NACIÓN PARAGUAYA



En fecha 19 de junio de 2013, fue aprobado in totum durante la sesión ordinaria de la Honorable Cámara de Diputados, en el apartado de moción sobre tablas, el proyecto presentado por el diputado del departamento de Misiones, Dr. Hugo César Capurro Flores por el cual la Honorable Cámara de Diputados de la Nación declara “LA COMPOSICIÓN MUSICAL "DANZA PARAGUAYA" DE AGUSTÍN PÍO BARRIOS MANGORÉ PATRIMONIO DEL ACERVO FOLKLÓRICO POPULAR Y CULTO UNIVERSAL DE LA NACIÓN PARAGUAYA".

El acto legislativo se plasmó en que: 

 EL CONGRESO DE LA NACIÓN PARAGUAYA SANCIONA CON FUERZA DE LEY:

Articulo 1°. -  Declárese "la composición musical "Danza paraguaya" de Agustín Pío Barrios Mangoré patrimonio del acervo folklórico popular y culto universal de la nación paraguaya".

Articulo 2°. - De forma.